Vitamina D: ¿Qué es y para qué sirve?

Desde el año 1634 que se habla del raquitismo, una enfermedad que causa una inadecuada mineralización de los huesos, con los consiguientes problemas de debilidad esquelética en niños. Casi 300 años después, y luego de observaciones y estudios que llevaron a relacionar la exposición al sol y el consumo de aceite de hígado de pescado con la disminución de los casos de raquitismo, es que se finalmente se acuñó el término “Vitamina D” en papers que reportaban la existencia de una vitamina que permitía la absorción de calcio y mineralización de los huesos (McCollum et al., 1922).

La vitamina D es una biomolécula liposoluble, presente naturalmente en muy pocos alimentos de origen animal, principalmente en pescados grasos, huevos y vísceras, por lo que la mayor fuente para obtener esta vitamina es a través de su síntesis en la piel, mediante la exposición a los rayos UVB del sol a partir de 7-dehidrocolesterol y siguiendo una serie de reacciones enzimáticas en el hígado, para llegar a transformarse en vitamina D3 (colecalciferol), posteriormente, en su forma activa 25(OH)D (calcidiol) y, finalmente, en los riñones en 1,25(OH)2D (calcitriol). En el organismo, la vitamina D funciona a través de receptores de la misma, los que se encuentran en prácticamente todas las células, de ahí que cada vez hay más consenso en que sus funciones son mucho más amplias que sólo estar relacionada con la formación de los huesos.

En gran parte de los países desarrollados, el raquitismo y la osteomalacia son enfermedades cada vez menos comunes, en parte por las políticas de suplementación de ciertos segmentos de la población, como niños pequeños y mujeres embarazadas, pero, aún existe una alta prevalencia de insuficiencia subclínica de esta vitamina, la que se relaciona con enfermedades como la osteoporosis y el mayor riesgo de caídas y fracturas en adultos mayores.

Pero, tal como se comentó anteriormente, los receptores de vitamina D (VDR) se encuentran presentes en casi todas las células del cuerpo, por lo que se ha establecido que cumple diversas funciones en el organismo. Por ejemplo, se ha visto influencia de esta vitamina en el funcionamiento del sistema inmune, lo que se ha estudiado correlacionando los niveles de esta vitamina en el cuerpo con la incidencia y gravedad de ciertas enfermedades como tuberculosis, infecciones del tracto respiratorio, asma y dermatitis atópica, entre otras. 

Por otro lado, existen estudios que relacionan la deficiencia de esta vitamina con el mayor riesgo de incidencia de una serie de enfermedades como cáncer, migrañas, esquizofrenia y depresión, aunque aún no existe suficiente evidencia científica que avale el tratamiento de estas enfermedades con suplementos de vitamina D.

En resumen, cada vez existe más evidencia científica que relaciona la deficiencia de vitamina D con diversas condiciones de salud y enfermedades, y aún la ciencia tiene mucho camino que recorrer para comprender realmente cuáles son todas las funciones que cumple en el organismo y cuáles son los riesgos de vivir por tiempos prolongados con niveles bajos de esta vitamina. 

Referencias

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